La política del arraigo
Frente al desarraigo de la modernidad, una defensa de la "patria chica": el hombre se constituye por su vínculo con la tierra, la comunidad y la cultura, y es ese arraigo el que sostiene instituciones sanas.

¿Qué significa estar arraigado, y por qué esa pregunta es hoy una pregunta política? Enrique Gabriel Araya parte de una reflexión sobre el amor a la "patria chica" para proponer lo que llama la "política del arraigo": una mirada que recupera el sentido clásico de la política frente a la tendencia a pensarla solo en clave nacional o centralista.
Siguiendo a Enrique del Acebo Ibáñez, el autor sostiene que el hombre está ligado a tres realidades concretas: el espacio físico, la sociedad y la cultura. La modernidad, sostiene, rompió esos vínculos al pasar de estructuras comunitarias y tradicionales a estructuras individualistas y desarraigantes, dejando al hombre "desprovisto de aquello que funciona como freno frente a los totalitarismos de cualquier índole".
La nota no se queda en el diagnóstico: propone que el remedio no es la añoranza, sino un "imperativo práctico" al alcance de cualquiera, que empieza por ver la realidad, conocerla y amarla, y hacerse cargo del propio entorno.

