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Opinión

Hombre-esclavo

Una paradoja de la sociedad moderna: nunca el hombre tuvo tantas libertades reconocidas y, al mismo tiempo, nunca estuvo tan solo. Sobre la esclavitud existencial que se esconde detrás del individualismo.

Nunca el hombre tuvo tantas libertades reconocidas, tantos derechos, tantas herramientas al alcance de la mano. Y sin embargo, sostiene Enrique Gabriel Araya en esta nota, nunca estuvo tan esclavizado. La paradoja es el punto de partida de una reflexión sobre lo que Benjamin Constant llamó la "libertad de los modernos": la seguridad de los goces privados, la satisfacción de las apetencias personales sin límites impuestos por otro.

Esa libertad, dice el autor, deja al hombre moderno sin raíces firmes y sin vínculos, y lo expone a una profunda soledad existencial, aun rodeado de conexión permanente. Cita en este punto el aumento de la tasa de suicidios en la Argentina entre 2020 y 2025 como una de las señales de esa angustia de fondo.

Frente a ídolos que prometen llenar ese vacío —el dinero, el consumo, las ideologías de turno— y de los que el hombre termina siendo esclavo de sí mismo, la nota propone otra idea de libertad: no la ausencia de vínculos, sino la riqueza de aquellos que nos permiten desplegarnos y ser verdaderamente libres.

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